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En 1962, como todos los chilenos saben, y
muchos aún recuerdan, se celebró en nuestro país el Campeonato Mundial de
Fútbol. La imagen del Estadio Nacional de ese entonces incluye siempre partidos
a estadio lleno y una ambulancia junto a
la puerta de la Maratón. Lo que muy pocos saben es que en caso de que algún
abnegado espectador hubiera tenido un ataque cardíaco en los momentos que Chile
perdía en semifinales 4 a
2 contra Brasil, el personal de esa moderna ambulancia no sabía practicar el masaje
cardíaco.
Y no lo sabía por una sencilla razón: el masaje cardíaco
externo se estaba terminando de inventar en los EE.UU. de Norteamérica (1960) y
su llegada a Chile era inminente. En la actualidad, el personal de cualquier ambulancia
que Ud. ve pasar por nuestras calles sabe, o debería saber, aplicar masaje
cardíaco.
Si el masaje cardíaco externo fue la primera revolución en materia de
Reanimación Cardiopulamonar, la irrupción del Desfibrilador Externo Automático (DEA) constituye la segunda revolución y su fecha es más
reciente: Alrededor de 1985.
El DEA permite transformar, con una descarga de
corriente, un ritmo cardíaco potencialmente letal (fibrilación ventricular) en
un ritmo cardíaco normal.
Pero no basta con tener un DEA y con aplicarlo.
Hay que aplicarlo lo más pronto posible,
pues cada minuto que pasa entre el paro cardiorrespiratorio (PCR) y la descarga
del DEA la probabilidad de sobrevida disminuye casi un 10%.
Si uno pudiera elegir, elegiría no tener nunca un ataque cardíaco. Pero si tuviera que
elegir el sitio donde tener un ataque cardíaco, uno elegiría el Aeropuerto de
Chicago antes que la Consulta Externa del Hospital General de Chicago. El
personal de ese Aeropuerto, al consultar que Ud. ha sufrido un ataque cardíaco
(usted no responde, no respira, no tiene signos de
circulación), tardará menos de 3 minutos en descolgar el DEA de una de las
paredes del recinto y conectarlo a su cuerpo. Paradójicamente, en la Consulta
Externa del Hospital General ese laso suele ser superior a 7 minutos.
El DEA, sencillo aparato incapaz de provocar
daño, pesa menos de 3 kilos y contiene un microprocesador que analiza el ritmo
cardíaco, reconoce la fibrilación ventricular (el ritmo cardíaco
de las personas mayores de 8 años) y aconseja una descarga sólo cuando está
indicada. Aprender a manejar un DEA es casi tan fácil como aprender a utilizar
un extinguidor de incendios y, desde luego, mucho más sencillo aprender Reanimación Cardiopulmonar (masaje cardíaco,
respiración artificial...), pues no requiere conocimientos ni formación en
medicina o rescate.
Hoy en Chile, la máxima prioridad en
emergencias médicas con riesgo vital
es desarrollar Programas de
Desfribrilación de Acceso Público, es decir, disponer del DEA en recintos
con alta concentración de público
(grandes superficies comerciales, estados, aeropuertos, estaciones de
ferrocarril y metro, casinos...), en recintos con difícil acceso (a bordo de
aviones, barcos y transbordadores, en establecimientos mineros, en poblaciones
aisladas) o en el entorno inmediato de
pacientes cardiópatas (familiares, salas de consulta externa de los
hospitales, centros de rehabilitación cardiovascular...) y capacitar al
personal no médico de esos recintos para que sepan utilizarlo lo más precozmente
posible ante un evento cardíaco.
Los Programas
de Desfibrilación de Acceso Público deben incluir una estrecha coordinación
con los Servicios de Emergencia (SAMU ¡#!) y una adecuada supervisión médica,
pues el DEA no llega para reemplazar nada, sino que se integra en la llamada Cadena de Supervivencia: conjunto de
acciones sucesivas y coordinadas que permiten salvar la vida (y mejorar la
calidad de la sobrevida) de la persona que es víctima de una emergencia
cardiorrespiratoria.
Con la incorporación del DEA de acceso público
se han reportado tasas de sobrevida en el PCR de hasta un 49%, tres veces
superiores a las cifras de los equipos de atención prehospitalaria más
experimentados.
Las revoluciones no
siempre ocurren en un solo día.
El DEA, la segunda revolución en materia de
Reanimación Cardiopulmonar, ha llegado a Chile, pero su buena nueva se propaga
de una forma demasiado lenta.
El desafío es impulsar todas las iniciativas
que contribuyan a que la desfibrilación precoz en la atención de las emergencia
médicas con riesgo vital sea pronto una realidad entre nuestra población.
Dpto. Difusión CEFAV
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